Sin ganas
"Levantándome sin ganas del sofá, preparé las cosas para marcharme; los libros, unas cuantas libretas, el estuche, mis gafas... no me faltaba nada, cogí las llaves y me despedí al salir de casa con un desanimado adiós.
El trayecto era lo que mas odiaba, una vez llegaba ya había asumido lo que me esperaba, pero convencerme de lo que me aguardaba era lo que mas me deprimía. Allí no tenia a nadie, ni mi familia ni a mis amigos, en cambio todas las personas que me rodeaban si que al menos tenían a una persona con la que hablar. No soportaba estar sola en aquel sitio, lo único que podía hacer era aislarme aun mas en mi burbuja, impidiendo con mi comportamiento insociable que la gente si quiera pensara en acercarse a mi. Era un bucle, mi soledad alejaba a los demás.
Lo único bueno de esta experiencia constante en mi vida, es que me hizo pensar: hay gente que va al colegio o a trabajar y se comporta como yo en ese sitio, pero yo estoy muy poco tiempo, mientras otros van casi cada día. Cuando me di cuenta de lo que pasaban, me sentí mal, y entendí que ni la persona mas solitaria soportaría la indiferencia."
Paradoja
"Había una vez, en un pequeño pueblo, un barbero que decidió afeitar solamente a los hombres que no podian. Lo que pasó fue que, desgraciadamente, al decir eso él ya no podía afeitarse, ya que era capaz de hacerlo perfectamente hasta con los ojos cerrados por su ofício. Pero a la vez, esto también hacía que fuera incapaz de afeitarse, y cumpliera la regla que se impuso de afeitar solo a los hombres que no podian. En conclusión, ¿que paso con el barbero?¿pudo afeitarse?"

hermoso y triste a la vez
ResponderEliminar